Tony en 2 de Punta: «Para llegar se precisa tener talento, disciplina y pasión»


Antonio Pacheco, por todos conocido por su apodo de «Tony», es uno de los últimos grandes ídolos de Peñarol. Nacido y retirado vestido de aurinegro, además en Uruguay jugó en Wanderers, su fútbol también se paseó por el exterior en equipos destacados como Inter (Italia), Español y Albacete (España), y Gimnasia de la Plata (Argentina). La charla en 2 de Punta giró fundamentalmente en torno a su vínculo con el carbonero, tanto en el pasado como en el presente, y porque no el futuro.

«Tony» llegó muy chico al club, en el que hizo formativas y llegó a primera: «Nos criamos en Las Acacias, éramos unos niños, es un lugar muy importante para el club y en aquel momento era el intendente don Tito Goncalvez con todo lo que significó para Peñarol y el fútbol uruguayo. Las charlas con él eran todas de aprendizaje y tenían mensajes. Entrenábamos en la cancha de atrás siempre mirando para el costado para ver cuándo nos tocaba en la principal, porque en la chica nos raspábamos todo, el día que tocaba en la principal festejábamos y nos abrazábamos como si fuera un gol. Llegué al club de la mano de Cacho Caetano, me tomaba un par de ómnibus con la boletera del liceo para ir a entrenar».

En sus primeros entrenamientos con los mayores encontró grandes figuras, con los que terminó compartiendo cancha mucho tiempo: «Era difícil jugar como los grandes futbolistas que había cuando ascendí en 1993, luego lograron el quinquenio. Para llegar tenés que tener talento, disciplina y pasión. Llegué desde una generación que ganaba los torneos en juveniles, en el segundo año de quinta me subieron. Jugadores en mi puesto como Pablo Bengoechea o el Pato Aguilera te llamaban la atención en cada segundo de juego por la inteligencia, capacidad y técnica. Trataba de mirarlos y aprender, eran bien distintos en su forma de juego, impresionante verlos jugar. Tuve la suerte de hacerlo muchos años con los dos, con el tiempo jugábamos de memoria, lográbamos hacer cosas distintas con solo mirarnos».

Los recuerdos como jugador aurinegro son muchos, y a veces vuelven en sueños: «Salíamos de Los Aromos al estadio y siempre teníamos caravana, gente en la puerta de la casa con banderas, otros arrodillados cuando pasaba el ómnibus, eso hay que cuidarlo mucho. Los jugadores tenemos que respetar los colores y al club antes que nada. Me pasa de durmiendo soñar con un partido, un clásico y hacer un gol, no lo voy a vivir más pero es difícil no soñarlo. Vez un partido de fútbol, la cabeza queda pensando y se ve que el inconsciente te hace soñar con cosas que te pasaron antes. Extraño el ida y vuelta con la gente, siempre tuvieron un cariño especial conmigo, no me preguntes porque. Recuerdo esos momentos con mucho agradecimiento y respeto, todavía tengo eso rondando en la cabeza, lo lindo es que en los sueños son siempre goles, nunca se van afuera. La pelota quieta tiene horas de vuelo, mucha práctica, mucha repetición, estoy convencido que se logra así».-

Apasionado por el juego, sigue disfrutando de verlo, y será entrenador: «A mis nietos les voy a decir de mi carrera que fui un apasionado, que la pasión hizo que fuera lo que me tocó ser, de lo cual me siento muy orgulloso. Una carrera con mil dificultades, mil errores y alguna virtud. Tengo pasión por el juego, por el fútbol en sÍ, es lo máximo. No hay nada igual que tener la chance de jugar al fútbol, es lo que soñé desde niño, después además jugué donde siempre soñé jugar con grandes futbolistas que me llevaron a tener números en el club que pocos tienen. Eso para mí es muy importante, Hoy el fútbol sigue siendo mi pasión. No deja de llamarme la atención el cariño de los hinchas, me da orgullo y satisfacción. Seguramente dejé algo, poquito pero algo, no puedo creer por ejemplo los tatuajes con mi firma o mi cara, nunca lo imaginé y lo agradezco día a día».

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